En Lauca Eñe, una región rural del departamento boliviano de Cochabamba, se repite hace tiempo una escena única. Una imagen pintoresca, que parece devolvernos a otros momentos de la historia universal. Entre campos eternos y una humedad sofocante se dejan ver campesinos y trabajadores agrícolas levantando lanzas y demás armas improvisadas en defensa del socialismo y de su líder, Evo Morales. Los provincianos, agrupados alrededor de lo que solamente podría describirse como la dramatización de una fortaleza, si se quiere algo como un conjunto de barricadas, construida para proteger al dirigente progresista, defienden al histórico líder del MAS (Movimiento al Socialismo) fanáticamente en su hogar, en el lugar donde surgió políticamente décadas atrás como el líder sindical de grupos de trabajadores campesinos. Su ascenso estuvo íntimamente relacionado con su trayectoria como trabajador de la tierra, logrando, en el gobierno, gestionar una economía que dio lugar a una pujante clase media que movilizó el crecimiento y el desarrollo de un país que sorprendentemente se convirtió en un ejemplo para toda la región.
“Los provincianos, agrupados alrededor de lo que solamente podría describirse como la dramatización de una fortaleza, si se quiere algo como un conjunto de barricadas, construida para proteger al dirigente progresista, defienden al histórico líder del MAS (Movimiento al Socialismo) fanáticamente en su hogar, en el lugar donde surgió políticamente décadas atrás como el líder sindical de grupos de trabajadores campesinos”.
Hoy en día, recluido en la misma Bolivia, Morales parece haber dejado de lado aquellos éxitos verdaderamente trascendentales. Escapando las órdenes de captura que buscan llevarlo frente a la justicia por causas de trata de persona y abuso sexual, el líder socialista intenta mantener su influencia sobre un país que se encuentra en una situación económica, política y social cada vez más complicada.
En esta particular coyuntura, el pasado domingo 19 de octubre, aún así, se hizo historia en Bolivia. El país andino supo elegir al derechista Rodrigo Paz como su próximo presidente en una segunda vuelta que lo enfrentó directamente al ex mandatario conservador Jorge Quiroga. Lejos en la primera vuelta electoral quedó un MAS fragmentado y desgastado por una brutal interna entre el problemático Morales y el por entonces presidente socialista Arce y por una caótica administración de la economía nacional que los llevó a conseguir el apoyo de un mero 3% del electorado.
Inflación, carencia de divisas internacionales y una marcada crisis energética son algunos de los condimentos que llevaron a esta monumental derrota del progresismo y al retorno del conservadurismo al país.
La victoria de la derecha, no obstante, no parece aclarar el panorama. Las dificultades energéticas, financieras y políticas preocupan en una Bolivia donde ninguna agrupación parece contar con las mayorías suficientes como para establecer su agenda.
Entonces, veamos qué fue lo que pasó en estos comicios, cómo se votó, quiénes competían y qué podemos observar del actual panorama político boliviano meses después de la asunción de Rodrigo Paz.
¿Cómo se votó?
Las elecciones generales de Bolivia no solamente se encargan de elegir, cada 5 años, al presidente del país. También se definen las 36 bancas de la cámara de senadores y los 130 escaños de la cámara de diputados.
El presidente, particularmente, se elige en base a un sistema de dos vueltas que le exige a los candidatos alcanzar al menos el 40% de los votos y una diferencia de 10% con el competidor más cercano para resultar electo. De lo contrario, se avanza a una segunda instancia electoral en la cual los dos candidatos más votados compiten frente a frente por el cargo.
En cuanto a los legisladores, la conformación del Congreso se da con la elección presidencial y siempre se define en la primera vuelta electoral. Los diputados y senadores se eligen según un sistema de tipo mixto que incorpora aspectos mayoritarios y proporcionales. Para el caso de la cámara de diputados 63 bancas se eligen en distritos uninominales donde el ganador vence alcanzando una mayoría simple de los sufragios emitidos con respecto a sus competidores. Otras 60 bancas de la cámara baja se eligen siguiendo la lógica proporcional en distritos plurinominales, a lista cerrada y bloqueada, acompañando, las listas de candidatos, distintas listas presidenciales. Por último, los 7 diputados restantes son elegidos según normas estatales e indígenas respetando las tradiciones propias de los pueblos originarios del país.
El senado, por otro lado, compuesto por 36 legisladores se elige según un sistema proporcional, en distritos plurinominales y en base a listas cerradas y bloqueadas. Entre los 9 distritos electorales del país se distribuyen 4 bancas por circunscripción y las listas, como en diputados, van aparejadas a alguna de las candidaturas presidenciales.
Victorias a medias
Rodrigo Paz, un ex senador, diputado y alcalde, se alzó con la victoria en la segunda vuelta después de salir primero en la contienda electoral del domingo 17 de agosto. Su espacio, el Partido Demócrata Cristiano, logró acumular la mayor cantidad de legisladores en ambas cámaras (alrededor de 16 senadores y 49 diputados) pero no alcanzó una mayoría. Aunque el presidente cuenta con la primera minoría en el Congreso, el oficialismo tiene problemas con los números en la legislatura y necesitará negociar con los demás espacios de derecha y centroderecha para pasar su agenda.
Uno de esos espacios es el del ex presidente Jorge Quiroga. Su segundo lugar en la primera vuelta de agosto le otorgó una importante segunda minoría. Con unos 12 senadores y 39 diputados, la Alianza Libre tiene un peso relevante en el Congreso de la Nación.
Otro espacio a tener en cuenta es el de Alianza Unidad, fuerza que se acerca a concepciones más populistas de la política y elabora planteos cercanos tanto a los sectores más progresistas como a los más conservadores de la sociedad. Con 26 diputados y 7 senadores ocupará un lugar fundamental en la escena institucional boliviana de los próximos 5 años.
Por último, Alianza Popular es la cuarta fuerza de mayor relevancia en el país actualmente. Como producto de la diáspora del MAS, y liderados por el candidato izquierdista Andrónico Rodríguez, son la fuerza progresista con mayor representación en la legislatura. Aún así, con solo 8 diputados y ningún senador su peso en el actual Congreso no parece garantizar diferencias.
De esta forma, el panorama que resulta de estos comicios es uno de marcada fragmentación y, en el mientras tanto, permanece la figura de Evo Morales como la de un actor político relevante que desconoce la legitimidad del actual gobierno, de parte de la dirección de su fuerza política y del Estado boliviano como un todo. Su rechazo abierto a las disposiciones de la justicia, encuadrándolas en un esquema de persecución dirigido particularmente hacia su persona, su influencia sobre una intranquila minoría fanática, el rol de opositor intransigente que juega al interior de su propia fuerza política y su peso histórico como uno de los líderes políticos más relevantes en la historia del país se combinan con la prácticamente nula representación del MAS en la legislatura nacional y con el pobre resultado obtenido en los comicios generales del año pasado y resultan en que hoy su figura sea la de un protagonista secundario. Un personaje con la fuerza suficiente como para bloquear las iniciativas de la administración de Paz, pero con pobres herramientas institucionales para hacerlo.
“De esta forma, el panorama que resulta de estos comicios es uno de marcada fragmentación y, en el mientras tanto, permanece la figura de Evo Morales como la de un actor político relevante que desconoce la legitimidad del actual gobierno, de parte de la dirección de su fuerza política y del Estado boliviano como un todo.”
¿Una incógnita de 5 años?
El panorama político boliviano, en esta coyuntura, se encuentra preocupantemente desordenado. Las dificultades económicas se suman a una política cada vez más desarticulada que supo presenciar la desaparición de los protagonistas políticos de las últimas dos décadas. En particular, La derrota del MAS dejó huérfanos a montones de ciudadanos y electores que hoy parecen votar por la alternativa menos perjudicial para su realidad particular.
Una línea divisora parece partir a la política boliviana desde hace décadas, separando a los distritos más rurales (como Cochabamba) de los más afluentes en cuanto a recursos económicos (como el de Santa Cruz). Los primeros apoyaron con considerable estabilidad las alternativas más progresistas y representaron el motor de las distintas campañas electorales del MAS a lo largo de los años, mientras los segundos representaron los bastiones del conservadurismo en el país durante los gobiernos Morales y Arce. En estos comicios, sin embargo, la victoria de Paz en departamentos como La Paz, Oruro y Cochabamba y el triunfo contundente de Quiroga en Santa Cruz y, en menor medida, en Beni en la segunda vuelta reafirman la división que ha caracterizado a la política boliviana a lo largo de estos últimos años. Quiroga parece ser percibido por la ciudadanía como un ejemplo de los gobiernos que precedieron a Morales, como el candidato de los gobiernos caracterizados por la corrupción, la reacción violenta y la entrega descarada de los recursos del país, mientras Paz, en la confrontación directa, parece ser la alternativa moderada. Que muchos de los históricos votantes de Morales apoyaran al ex alcalde de Tarija, no obstante, no necesariamente significa un viraje ideológico trascendental sino más bien el fracaso del progresismo en este último mandato y el temor de los campesinos y trabajadores a un ajuste aún más reaccionario y brutal que el que están presenciando hoy en día.
La cambiante realidad política boliviana, a su vez, se refleja sobre los ganadores de los últimos comicios. Alianza Libre, UNIDAD y Alianza Popular son fuerzas políticas fundadas en los últimos meses con el mero objetivo de competir en la contienda electoral. El partido triunfante, el Demócrata Cristiano, es una fuerza histórica del país pero tanto Paz, como su candidato a presidente, y Edmand Lara, como su candidato a vicepresidente, son políticos independientes.
Esta realidad genera enorme incertidumbre acerca de la posibilidad de que estas estructuras partidarias puedan permanecer unidas a lo largo del mandato. Ya durante estos primeros meses de gestión el vicepresidente Lara expresó claras diferencias para con la gestión del presidente Paz.
“Toda esta realidad genera enorme incertidumbre acerca de la posibilidad de que estas estructuras partidarias puedan permanecer unidas a lo largo del mandato. Ya durante estos primeros meses de gestión el vicepresidente Lara expresó claras diferencias para con la gestión del presidente Paz.”
Entonces, el futuro económico e institucional del país y la necesidad de llevar adelante importantes reformas que recuperen la estabilidad dependen de la capacidad del presidente Paz para administrar alianzas tanto en la escena local como en la internacional. Los pactos que se puedan celebrar con la fuerzas políticas afines parecen necesitar del apoyo trasnacional de grandes potencias para otorgarle credibilidad y sustentabilidad al nuevo esquema económico. Específicamente, delante de esta América Latina fragmentada, encontramos como posible aliado transaccional al gobierno norteamericano. Donald Trump parece haber sumado en la figura de Rodrigo Paz un aliado en la región y esta coalición entre ambos dirigentes conservadores puede significar una línea clave de apoyo y financiamiento en momentos de enorme incertidumbre política y económica.


